sábado, 27 de abril de 2013

¿Perteneces al 91% de Pymes que aún ignoran potenciales clientes porque no están en su ámbito geográfico?

Esta mañana leía que 48.000 tiendas y locales habían cerrado desde 2008, una de las consecuencias quizá más alarmantes de la situación económica que estamos viviendo. Y, automáticamente, recordé el Informe ePyme 2012 y su principal conclusión: solo un 9% de las micropymes españolas utilizaba redes sociales. Es decir, un 91% aún no las usa. Y no se hace, sobre todo, por desconocimiento, por falta de formación.

Obviamente, las redes sociales no son la panacea ni pueden conseguir que una pyme no cierre si el resto de los factores son adversos. Pero, sinceramente, me sorprende que los empresarios no se hayan lanzado a comunicar el valor añadido de su empresa en redes sociales cuando probablemente sí habrán invertido en otras estrategias offline con un cierto impacto económico (publicidad, merchandising, mailing, etc).

Preguntando a algunos conocidos con pequeños negocios sobre las causas de este desconocimiento, obtengo una conclusión aún más sorprendente. El desconocimiento se produce porque no existe realmente un interés. "¿Por qué voy a estar en un canal que puede ver todo el mundo cuando realmente yo tengo una tienda de barrio? Bastante tengo en darme a conocer entre los vecinos".

Y yo creo, realmente, que es una oportunidad perdida. La pregunta que lanzo es: ¿estaría dispuesto a rechazar clientes lejanos geográficamente de mi, aunque ellos mismos estén interesados en mi negocio? 

Precisamente, que Internet abarque un ámbito global, no significa que no se pueda hacer especial hincapié en lo local. Si el 80% de los internautas utiliza, al menos, una red social (según el IV Estudio Anual sobre Redes Sociales del IAB y Elogia), es ahí donde está nuestro público, esté cerca o no geográficamente. Este público  busca teléfonos y direcciones en la Red, se relaciona entre sí y puede recomendar nuestros productos.

Mi negocio podría tener entonces una presencia glocal, es decir, aunque desarrolle mi actividad principal en un punto geográfico concreto, aporto un valor añadido tanto a mis vecinos como a los potenciales clientes que, probablemente no puedan acercarse todos los días a mi negocio, pero que sí requieran mis servicios a través de Internet, por ejemplo. O puede que mi experiencia y saber hacer hayan traspasado fronteras y las personas que viajen a mi ciudad por otros motivos sepan que, en mi negocio, pueden encontrar lo que necesitan.

Una crisis económica de la envergadura de la actual, nos obliga a ser competitivos. Ya no podemos esperar en nuestro mostrador a que entren los clientes porque vemos que eso, salvo excepciones, parece que no funciona, a juzgar por los datos.

Cuando uno tiene un negocio, debería utilizar todas las armas de las que disponga para poder salir adelante. Internet nos permite abrir un escaparate a millones de personas. Las redes sociales nos permiten conversar con ellas, atraer su atención con nuestro negocio que, por supuesto, para nosotros es el mejor. Solo tienen que escuchar lo que queremos contarles. La inversión económica no es elevada pero sí la dedicación. Es quizá uno de los costes con mayor impacto pero también, probablemente, uno de los más rentables. Lo contrario es esperar pacientemente, día a día, a que los clientes entren por la puerta.

domingo, 14 de abril de 2013

Cambio de roles en Internet entre marca y consumidor ¿Quién dicta la estrategia a quién?


En este blog, hemos hablado en bastantes ocasiones sobre el poder que adquiere el consumidor en un mundo permanentemente conectado gracias a Internet. Hemos dicho que cualquier persona puede dialogar con otra, independiente de su nivel de popularidad, gracias a las redes sociales.

Entonces ¿qué pasa con las marcas? Cualquiera de nosotros podemos comunicarnos con las marcas al mismo nivel, preguntarles, felicitarles o criticarles, por medio de las redes sociales.

Este cambio de paradigma es muy importante en marketing. Hasta el momento, era la marca la que definía las estrategias y, posteriormente, la medición de su eficacia. El ROI dictaba si la estrategia había sido o no un éxito.

En la actualidad, vivimos un cambio de roles. Las marcas se han dado cuenta que no pueden ir por libre porque, más allá de sus planes de negocio, existen unos usuarios que están hablando de ellas y que son totalmente independientes para decidir si aceptan o no lo que éstas les dicen.

Las compañías más grandes del mundo tienen perfiles muy similares, por no decir iguales, que el de cualquier usuario anónimo y un mensaje de estas empresas es prácticamente indistinguible de uno publicado por un señor que esté en el rincón más perdido del mundo.

Por ello, de nada sirve crear estrategias de marketing a ciegas sin tener en cuenta el ruido que se está generando en internet sobre la marca. En la actualidad, es el usuario el que establece las estrategias de marketing de la empresa y a ésta no le queda más remedio que adaptarse

¿Pero existe una guerra 2.0 entre usuarios y marcas? Según el estudio "Social Media Consumer", de la consultora Porter Novelli, los españoles somos los europeos más predispuestos a seguir el perfil oficial de una marca, habitualmente, por afinidad, por la posibilidad de conseguir descuentos y para participar en concursos que se ponen en marcha.

De esta manera, parece que el consumidor, a priori, es proclive a aceptar las marcas en su círculo 2.0Ahora bien, no todo vale y es ahí donde fallan la mayor parte de las estrategias sociales.

Las redes no son un canal exclusivamente para la promoción. Para ello, está la web corporativa, las landing pages, la publicidad tradicional, etc. Las redes sociales son un canal para dialogar y generar un engagement. Diríamos algo así como "acepto que entres en mi círculo pero quiero que estés a mi nivel, no me satures con tu publicidad"

Y esto es un hecho objetivo. Un estudio realizado por YouGov, nos dice que la mitad de los consumidores se opone a la publicidad de las marcas en redes sociales. Así que cuidado, información de valor añadido sí, publicidad no.  

Es el usuario quién tiene el poder ahora mismo y las marcas deben adaptarse, aunque les cueste, a esta nueva realidad.